Paz personal (Ni tanto ni tan poco)

Para tener paz personal es necesario saber detenernos cuando ya tenemos suficiente. Debemos aprender a adquirir las cantidades justas de aquello que necesitamos para ser felices.
Poseer riqueza material es una cosa, pero poseer las demás riquezas de la vida es algo muy diferente. Recuerde, el sentido más elevado de riqueza consiste en haber conseguido la paz personal.
El dinero por sí solo no puede proporcionarnos paz personal, pero puede causarnos ansiedad, infelicidad y temor, lo cual nos impide tener paz personal. El dinero puede ser una bendición o una maldición, no por la cantidad que se tenga sino por el uso que hagamos de él.
El dinero es una bendición cuando se utiliza para enriquecer las vidas de otras personas además de la propia. Pero cuando se utiliza por razones egoístas se vuelve una maldición; podemos llegar a ser su esclavo y estar continuamente luchando para obtener más del que necesitamos.
El dinero que crea empresas, proporciona puestos de trabajo y produce cosas que la gente necesita, es siempre una bendición para los que lo controlan y poseen, porque el trabajo es necesario para ser feliz, para mejorar y para gozar de buena salud. Sin embargo, para mantenerlo se necesitan otras cosas: diversión, amor y pasión. Estos tres elementos tienen que estar presentes en su vida diaria.
El trabajo es una bendición cuando se ejecuta con pasión, cuando le permite expresar su capacidad y tener la satisfacción de saber que beneficia a otras personas. El trabajo que se ejecuta sin entusiasmo puede afectar nuestra salud y nuestro carácter.
Está muy bien desear tener fama, poder y dinero, pero demasiada ambición puede llevarnos a la ruina y ocasionarnos la muerte. La ambición desinteresada, basada en el deseo genuino de serle útil a los demás es una cualidad muy valiosa que no hace daño a nadie ni nos arrebata las otras riquezas de la vida.
Mahatma Gandhi es un excelente ejemplo de ambición desinteresada. Subordinó sus deseos personales al gran propósito de liberar a su pueblo. Esta clase de ambición genera un poder ilimitado, como lo demuestra la fama y el recuerdo de Gandhi.
No olvide que la ambición, como cualquier otra cosa, debe aplicarse con moderación. Muy poca ambición lo condenará a la penuria. Demasiada ambición, inspirada en el deseo de exaltación personal, conduce al egoísmo y a la avaricia, nunca a la paz personal.
Somos los guardianes temporales de nuestras riquezas, de nuestras vidas y de las cosas que más utilizamos y más disfrutamos. Podemos ser más felices si compartimos con los demás esas cosas y esas situaciones que nos dan alegría.
Todos conocemos y respetamos el principio de la reciprocidad, conocido como la regla de oro, pero pocas personas lo tienen en cuenta a la hora de actuar. De vez en cuando algún individuo con más visión que los demás llega a comprender realmente su significado y aplica esta regla en su trabajo o profesión. Entonces el mundo le rinde tributo.
«Pongo un poco de mí mismo —dijo Henry Ford— en cada automóvil que sale de las cadenas de montaje, y cuando vendo uno pienso en el servicio que le proporcionará al comprador, y no en la ganancia que hemos obtenido.»
Ford vivió según este principio y se convirtió en uno de los industriales más ricos del mundo. Desde muy joven aprendió la lección de la ambición desinteresada, que le aportó la paz personal.
La vida y los problemas de cada día pueden vivirse con sufrimiento o con alegría. Eso depende de la manera como nos enfrentemos a ellos. Sólo a través de la planificación organizada y él equilibrio se puede obtener la paz personal.
Cuando alcance el grado de autodisciplina que le permita no temerle a nada, no odiar a nadie, no envidiar a nadie, no desear algo por lo que no se haya esforzado y sepa además utilizar sus experiencias en su propio beneficio, podrá darse cuenta de una gran verdad: La paz personal es el resultado de haber vivido con moderación.

Todos conocemos y respetamos el principio de la reciprocidad, conocido como la regla de oro, pero pocas personas lo tienen en cuenta a la hora de actuar. De vez en cuando algún individuo con más visión que los demás llega a comprender realmente su significado y aplica esta regla en su trabajo o profesión. Entonces el mundo le rinde tributo.
«Pongo un poco de mí mismo —dijo Henry Ford— en cada automóvil que sale de las cadenas de montaje, y cuando vendo uno pienso en el servicio que le proporcionará al comprador, y no en la ganancia que hemos obtenido.»
Ford vivió según este principio y se convirtió en uno de los industriales más ricos del mundo. Desde muy joven aprendió la lección de la ambición desinteresada, que le aportó la paz personal.
La vida y los problemas de cada día pueden vivirse con sufrimiento o con alegría. Eso depende de la manera como nos enfrentemos a ellos. Sólo a través de la planificación organizada y él equilibrio se puede obtener la paz personal.
Cuando alcance el grado de autodisciplina que le permita no temerle a nada, no odiar a nadie, no envidiar a nadie, no desear algo por lo que no se haya esforzado y sepa además utilizar sus experiencias en su propio beneficio, podrá darse cuenta de una gran verdad: La paz personal es el resultado de haber vivido con moderación.

Napoleon Hill

Nota: hemos sustituido el término “paz espiritual” del autor por “paz personal”.

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