El poder ‘curativo’ de la palabra

LaVanguardia.com – Analizamos los efectos positivos del lenguaje a través del prisma de la psicología, el ‘coaching’ y la espiritualidad

Sanidad | 17/04/2013 – 00:03h | Actualizado el 17/04/2013 – 10:16h

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El ser humano es, en esencia, un animal verbal. Eso quiere decir que la acción de comunicarse la lleva inscrita en su ADN. Quizás sea por ello, por tratarse de algo tan ancestral y a la vez tan cotidiano, que muchas veces no somos del todo conscientes del poder que puede llegar a ejercer la palabra respecto a terceros y a uno mismo. Es posible que el simple hecho de tener esta herramienta tan a mano y de utilizarla casi de manera automática haya ejercido sobre nosotros una falsa sensación de inocuidad, tanto en su vertiente negativa como en la positiva, en relación a todo aquello que verbalizamos. Nada más lejos de la realidad.

La palabra puede ser fuente de curación y crecimiento”, explica a LaVanguardia.com la psicóloga Mercè Conangla, una de las creadoras del concepto de ecología emocional y cofundadora de la Fundació Àmbit. Se ha constatado, relata, que las personas a las que se les administra calmantes y, a pesar de ello, siguen sufriendo – “el dolor se puede aliviar con analgésicos pero el sufrimiento psicológico no”- normalizan sus constantes fisiológicas cuando “alguien que se encuentra cerca de ellas les acompaña con esa palabra tierna. Es muy curativo”.

En la técnica de la PNL (Programación Neuro-Lingüística) la palabra también tiene un peso fundamental. El lenguaje, como explica Pablo Mora, psicólogo y responsable del centro Coaching Barcelona, supone en este método uno de sus tres pilares fundamentales. “En lugar de interpretar, suponer, o ponernos en el lugar del otro, gracias al lenguaje es posible averiguar cuál es exactamente la experiencia subjetiva de la persona”.

Mediante el uso de la palabra, es posible recopilar información útil para, posteriormente, iniciar el proceso de cambio, “ya sea transmitiendo confianza, motivación, induciendo nuevos estados, modificando creencias, instalando nuevos aprendizajes que mejoren su experiencia subjetiva…”.

A través del lenguaje también es factible “reaprender a hacer las cosas de otra manera, obteniendo resultados distintos”, afirma Mora. “Se trata de transmitir a las personas que su situación es reversible”. Así ocurrió, por ejemplo, con uno de sus pacientes. Se presentó en su consulta con un diagnóstico más que dudoso de posible dislexia, elaborado por dos profesionales distintos, y con el uso de la palabra –“y de la hipótesis de que el joven no sufría ninguna patología”- se halló la solución. “Le hice notar, conversando con él, que no tenía ningún problema, sino que se trataba de aprender, en este caso, a leer de otra manera”.

Sin duda, en todos los casos la credibilidad del emisor es parte fundamental de la ecuación para que el discurso pueda llegar a tener el efecto deseado. En este sentido, cómo no, el contenido del mensaje, pero también el tono utilizado (las pausas, la comunicación no verbal, etc.), se antojan indispensables para que la fuerza de la palabra alcance su máxima expresión.

Válido para uno mismo

El poder del lenguaje también tiene su incidencia en el diálogo interior que mantiene todo ser humano consigo mismo. Un discurso mental, éste, que en muchos casos hay que combatir por su tendencia a la negatividad (quizás por la propia naturaleza de la mente humana, que “tiene un lado muy neurótico y difícil”, como explicaba en su día Ramiro Calle). También la experiencia vital puede jugar un papel fundamental en este sentido, y es que “a partir de las palabras que hemos recibido, elaboramos nuestras creencias”, recuerda Conangla. “Y éstas son como el software de nuestro disco duro a partir del cual generamos también emociones”.

En ambos casos, se da la paradoja de que el problema y la posible solución tienen idéntica base, la palabra, pero usada de forma antagónica. “Así como nos podemos herir, también nos podemos decir palabras que curan”, recuerda Conangla.

Parece obvio, sin embargo, que es más fácil destruir que construir, lo que significa que cuesta mucho menos caer en las trampas que te presenta a menudo la mente que urdir un discurso positivo. “Pero para sentirse bien hay que esforzarse”, explica Jaume Grau, profesor de yoga, con más de 20 años de experiencia, y director de la escuela que lleva su nombre.

“Nuestro discurso mental nos condiciona. Hay muchos libros que te dicen ‘tu vida es la suma de tus pensamientos’, ‘es lo que te dices a ti mismo’, pero lo que no te dicen es cómo has de pensar o qué tipo de lenguaje has de utilizar”, lamenta Pablo Mora.

El sonido, beneficioso

Ya no la palabra, sino un simple sonido o vibración, que vendría a ser la versión más primitiva del lenguaje, puede reportar beneficio al ser humano. Los mantras que se recitan en la práctica del yoga serían un claro ejemplo. “El sonido es algo muy primitivo en la raza humana”, apunta Jaume Grau. “Es algo que nos vincula mucho con lo más profundo de nosotros mismos. Escuchas los pájaros, el agua, la lluvia, los árboles y te producen un efecto. Por eso quizás también buscamos el contacto con la naturaleza, con los orígenes, porque también es una necesidad en parte”, agrega.

La casa de la palabra

Muchas veces, para que la palabra pueda tener el efecto deseado, hay que fomentar un contexto adecuado. Los gritos, la soberbia, la petulancia… todo son obstáculos que pueden hacer acto de presencia en innumerables ocasiones minando la posibilidad de que la comunicación fluya. Esto lo tienen muy claro en Mali.

Según explica Mercè Conangla, en muchos pueblos de este país africano existe una construcción, “hecha con adobe y recubierta con paja y troncos”, a la que se le denomina la casa de la palabra. Es un lugar para dirimir, pacíficamente, posibles disputas. Para empezar, estas casas acostumbran a medir un metro sesenta centímetros de altura. Eso quiere decir que muchas personas que acceden lo primero que tienen que hacer es agacharse (eso les recuerda que si quieren entenderse con los demás deberán ser humildes).

Una vez dentro, ambos contendientes se sientan uno enfrente del otro con un tronco como silla. Cuando, preso de la furia que genera la misma discusión, uno de ellos se levanta de golpe para abalanzarse sobre el contrario se da de cabeza con el techo. Eso le recuerda que con la agresividad no se arregla nada y solo se consigue sufrimiento.

Seguro que con este antiguo, pero no menos efectivo, sistema será mucho más fácil alcanzar un acuerdo satisfactorio. Y todo ello gracias a que se han dado todos los condicionantes para que la palabra pueda fluir sin impedimentos.

Fuente: La Vanguardia

Aspectos psicológicos de la gestión del cambio organizacional y la gestión del desarrollo

Por Anna Volodina
Luxemburgo, Luxemburgo

RESUMEN

Se puede caracterizar el mundo contemporáneo como el mundo de cambios permanentes. Como el cambio es inevitable, hay que tratar de acostumbrarse a él para sacar provecho y ser más competente. El proceso del cambio es un proceso complicado, ya que toca a las personas, seres emocionales que, a través del proceso del cambio, muestran reacciones diferentes, pero tienen una en común que es la resistencia. Los directivos deben de saber gestionar el cambio. Pueden elegir como hacerlo, ya que existen diferentes formas, una de las cuales está enfocada en  el desarrollo y  la formación del personal.

Introducción

El tema de los aspectos psicológicos de la gestión del cambio organizacional es muy actual hoy en día. En el mundo en que vivimos todo cambia muy rápido: las materias primas, la tecnología, las comunicaciones, la información etc. Se puede decir que no hay nada permanente salvo el cambio. El tema de la gestión del desarrollo está vinculado con la gestión del cambio, dado que cambio y desarrollo son conceptos unidos entre sí,  ya que el desarrollo ayuda al cambio y cualquier cambio constituye un desarrollo para  los empleados de la organización.

¿Es tan necesario hacer cambios? ¿Por qué es tan difícil administrar cambios en las organizaciones? ¿Cómo reaccionan los empleados durante el proceso del cambio y por qué? ¿Es positiva o negativa la resistencia? Son algunas  de las preguntas de las que se plantean en este artículo.

El tema de la gestión de cambios no es nada nuevo, durante las décadas de los ochenta y noventa hizo su aparición, actualmente está en fuerte expansión y desarrollo,  existen  muchos libros y artículos dedicados a este tema, los cuales se pueden  dividir en tres grupos: los que explican la teoría del cambio, es decir, que es el cambio, que tipos del cambio hay, como se desarrolla el proceso del cambio (Ronco, Lladó; Reig, Fernández; Aguilar López), los que desarrollan sólo un aspecto de la gestión del cambio (Amorós, Kinsey Goman, Hay Group) y los que cuentan la experiencia del proceso de gestión del cambio en una empresa concreta o en un sector concreto. Un  ejemplo, es el proyecto en la División de Ocio y Equipamiento de Mondragón Corporación Cooperativa (MCC) sobre desarrollo directivo, cuyo lema es “desarrollo directivo: somos producto del cambio”, su autor, Castelló Molina, distingue tres tipos del cambio en el sector comercial. Haciendo cambios, hay que tener en cuenta la teoría del cambio (no se puede hacer nada sin previos conocimientos teóricos), se puede leer sobre la experiencia de otras empresas, pero no se puede copiar el proceso de cambios, puesto que no hay organizaciones iguales, cada organización cuenta con estrategias  específicas, políticas que no son trasladables a otras empresas y por este motivo cada director, haciendo cambios, tiene que “inventar” el desarrollo del proceso de los cambios.

Hoy, casi todas las organizaciones entienden que hay que hacer cambios para desarrollarse. Si no se logra hacer cambios, la empresa se quedará con lo mismo, con lo ya conocido y más cómodo, pero no podrá sobrevivir en el mundo donde reina la competitividad. Cada empresa tiene que comprender lo que es el cambio y gestionarlo para poder sobrevivir, adoptarse al entorno, puesto que la gestión del cambio es la gestión del futuro. Así se puede decir que el cambio tiene un valor positivo.

Cada organización consiste en personas y así hacer el cambio organizacional significa transformar el comportamiento de las personas. El proceso del cambio es complicado puesto que el cambio lo introducen personas y afecta a personas, es decir, las personas son su causa y su fin. Las personas son muy emocionales, gran parte del comportamiento de la gente se basa en las emociones. A lo largo del proceso del cambio organizacional, empezando desde el principio, desde la toma de decisión  y el diagnóstico que  encuentra la necesidad de hacer el cambio, las decisiones y la actitud del directivo normalmente chocan con las emociones de los empleados. El error principal es pensar en el cambio como en un acontecimiento que no está ligado con emociones. El directivo debe entender que es muy complicado hacer cambio organizacional y ser flexible.

Hoy muchos usan la palabra “flexibilidad”, pero no todos entienden su significado. Por ejemplo, según Hay Group, la flexibilidad en los directivos es “la predisposición y capacidad para cambiar las estructuras y procesos dentro de dirección, cuando sea necesario para poner en práctica la estrategia de cambio de su organización”. Aplicando la flexibilidad a la gestión del cambio, se puede definirla como “disposición de ciertas cosas, de ceder cuando es necesario para hacer algo con facilidad”.

¿Cuál es la actitud principal de los empleados frente al cambio? Ellos se oponen, consciente o inconscientemente, al cambio. Es decir, en todo proceso del cambio se puede notar el fenómeno de la “resistencia”. La resistencia al cambio es un proceso muy normal y habitual. Para comprender mejor el proceso de resistencia, es necesario entender los motivos, que pueden ser causas de ella.

Resistencia al cambio

La primera causa es que a veces los trabajadores no tienen suficiente información sobre el cambio y tienden a demorar el cambio, lo que es percibido como cierta forma de resistencia. Normalmente hay dos causas de la falta de información por parte de los trabajadores: la falta de comunicación sobre el proyecto de cambio y la visión demasiado parcializada del cambio (el empleado tiende a juzgar negativamente el cambio sólo por lo que sucede en su ámbito de influencia, su grupo de trabajo, departamento o sector), sin tener en cuenta los beneficios que puede aportar el cambio para la empresa en total.

Otra situación es posible: los empleados tienen suficiente información sobre el cambio, pero resisten al cambio sólo porque perciben que no pueden cambiar (piensan que no tienen las habilidades requeridas por la nueva situación, no saben cómo hacer lo que deben hacer). Diferentes sensaciones de este tipo provocan cierta inmovilidad que es percibida como resistencia a cambiar. Entre los factores que contribuyen a esto se puede destacar los siguientes:

–    El tipo de la cultura organizacional que castiga excesivamente el error.

–    La falta de la capacidad individual, que limita el accionar concreto.

–    Las dificultades para el trabajo en equipo, necesario para revisar todo el esquema de interacción que propone el cambio.

–    La percepción de la falta de recursos (en medios económicos o humanos).

–    La sensación de que el verdadero cambio no puede producirse.

Puede suceder también, que los empleados conozcan lo suficiente sobre el cambio, se sientan capaces de realizarlo, pero no quieren cambiar, ya que consideran que no les conviene. Estas reacciones pueden partir de tales sentimientos, como:

–    El desacuerdo sobre las premisas o los razonamientos sobre los que se sustenta el cambio.

–    La incertidumbre: los efectos del nuevo sistema no son totalmente predecibles y esto genera temor por falta de confianza en sus resultados.

–    La pérdida de identidad.

–    La necesidad de trabajar más: la gente piensa que con el cambio, deben no sólo continuar haciendo viejas tareas sino  también empezar a hacer las nuevas.

Una de las causas principales de la resistencia es el miedo de perder algo (poder, estatus, seguridad, territorio etc.), puesto que todos los empleados saben que cada cambio lleva una pérdida. Los de Hay Group piensan que “la resistencia es una prueba clara de la capacidad de un sistema para proteger su identidad e integridad y, por tanto, su estabilidad”.

En casi todos los cambios de gran magnitud aparecen o pueden aparecer de alguna forma y en alguna medida los sentimientos mencionados, pero también es cierto que también pueden aparecer algunos sentimientos positivos como, por ejemplo, el entusiasmo por la posibilidad de un futuro mejor, la liberación de los viejos problemas, las expectativas del desarrollo personal.

¿Es negativa la resistencia? Muchos investigadores no dicen que sea mala, pero insisten en brindar estrategias para enfrentar la resistencia al cambio y  minimizarla a lo largo del proceso. Así, entre las formas principales de la reducción de la resistencia se destaca la implicación de las personas en el proceso del cambio (se trata de cambios participativos, a diferencia de cambios impuestos, que se imponen de arriba hacia abajo sin posibilidad de cualquiera modificación). Parece que es fácil, dado que las personas son parte principal de este proceso, pero esto resulta muy complicado: hay opiniones de muchos empleados y el proceso puede convertirse en caos, el directivo puede perder el control.

Hay opiniones que el antónimo de la resistencia es “aceptabilidad”, pero no se puede decir que totalmente sea así, porque al final de la resistencia al cambio siempre llega su aceptación. Por este motivo, sería correcto definir “la resistencia al cambio” como un proceso de oposición, negación al cambio, que se termina con su aceptación. Además, se puede decir que cuando se termina la resistencia, se termina el proceso del cambio, o, mejor dicho, la fase “cambiar” del proceso del cambio, según Kurt Lewin, cualquier proceso del cambio consiste en tres fases: “descongelar”, “cambiar” y “congelar”, dado que gran parte del éxito del cambio es que sea aceptado por los empleados de la empresa.

Es raro que algún autor divida la resistencia en tipos, pero básicamente se puede hablar de la resistencia activa y pasiva. El peor camino será la resistencia pasiva, puesto que si una persona tiene todas las emociones en sí misma, es peor tanto para la persona como para la organización: una vez se explotan las emociones de todos y la organización “cae en el precipicio”. Algunos autores (Ronco, Lladó) destacan formas y grados de la resistencia, que dependen de la magnitud del cambio y su impacto en la cultura de la organización.

Se puede dividir la resistencia en tipos, pero lo principal es entender que la resistencia existía, existe y existirá a lo largo del proceso de cada cambio, es una etapa imprescindible de este proceso, como finalmente es necesario aceptarlo es más provechoso pensar en ella como algo positivo.

Como fenómeno emocional el cambio, aparte del temor, provoca incertidumbre, desconfianza, tensión etc. A primera vista parece que las emociones que se producen a lo largo del proceso del cambio son muchas. Si al analizarlas resulta que no hay gran variedad de emociones, resulta útil para los directivos hacer una lista de ellas para estudiarlas para poder hacer después una estrategia del comportamiento a lo largo del cambio, proporcionar los mecanismos de apoyo necesarios para cada situación en el proceso del cambio. Aquí es necesario hacer una observación importante: el cambio se puede realizar siempre y cuando se trate de una estrategia planificada y dirigida, puesto que cuando hay cambios espontáneos, la situación se complica  permitiendo  más dificultades en el proceso.

Para que la gente pueda “soportar” mejor el cambio, es necesario desarrollar en ellos la competencia “adaptabilidad al cambio”. Marta Alles, en su diccionario, hace una definición de esta competencia: “Es la capacidad para adaptarse y amoldarse a los cambios. Hace referencia a la capacidad de modificar la propia conducta para alcanzar determinados objetivos cuando surgen dificultades, nuevos datos o cambios en el medio. Se asocia con la versatilidad del comportamiento para adaptarse a los distintos contextos, situaciones, medios y personas rápida y adecuadamente. Implica conducir a su grupo en función de la correcta comprensión de los escenarios cambiantes dentro de las políticas de la organización“.  Hoy en día, cuando la gestión por competencias está muy de moda, hay muchas posibilidades para desarrollarlas. Con el empleado que necesita desarrollar la competencia “adaptabilidad al cambio” se puede empezar con el coaching. Se puede utilizar la herramienta “línea de la vida”, es decir, pedir al empleado que dibuje una línea y marque en ella las fechas que considera más significativas desde su nacimiento hasta ahora. Luego es posible pedirle añadir otra información que considera importante, haciendo hincapié en los cambios de su vida, y reflexionar sobre ellos.

Los últimos pasos de este proceso pueden ser  el mentoring, una fase en donde se hace  necesario hablar sobre los cambios que el mentorizado quiere realizar y luego fijar objetivos. La última fase puede ser el empowerment con el fin de que el empleado tenga habilidad para hacer cambios.

Hablando del desarrollo, esto se hace para que los empleados conserven la competitividad externa, aprendiendo lo último en tecnología y conocimientos administrativos y técnicos para el mejor desempeño de sus funciones. Si en una empresa existe un buen política de desarrollo, los conocimientos de los empleados se aumentan y, poco a poco, los empleados tendrán menos miedo a la hora de realizarse cualquier cambio en la organización. Aprender algo ayuda al cambio, la formación permite implicar a los empleados en el proceso del cambio (si el directivo decide hacerlo) y, al mismo tiempo, genera un verdadero cambio.

Así se puede decir que uno de los principales desafíos de la actual gestión de empresas es considerar “el cambio” como algo natural y necesario dentro de la organización. Como la resistencia es un fenómeno principal del proceso de cambio y es inevitable, los directivos deben aprender a gestionarla, porque haciéndolo de manera exitosa podrán llevar a cabo cualquier proceso del cambio sin problemas. Manejar la resistencia significa gestionar el cambio.

Gestión del desarrollo, como gestión del cambio, tienen muchos aspectos en común: son necesarios para cada organización y cada organización debe elaborar su propio sistema de formación y desarrollo y sistema de gestión del cambio, porque estas cosas no se puede copiar, son específicas para cada empresa.

 Referencias

Aguilar López, J. (2003). Nuevas Tendencias en la Gestión del Cambio. Madrid.Alles, M. (2005). Gestión por competencias (diccionario). Buenos Aires: Ediciones Granica.

Castelló Molina, Jaime (2008). Los motores del cambio en comercial. MK Marketing+Ventas, 239, 58-65.

Gato González, L. (2008). Caso MCC: pasión por el desarrollo de las personas. Capital humano, 219, 96-100.

Hay Group. (2004). Las Competencias: Clave para una gestión integrada de los recursos humanos. Barcelona, 2004.

Kinsey Goman, C. (2000). The Biggest Mistakes in Managing Change. Innovative Leader, 9, 12.

Lewin, K (1988). La teoría del campo en la ciencia social. Barcelona.

Reig, E., Fernández, J., Jauli, I. (2003). Los Recursos humanos en las organizaciones orientadas a la eficacia y al aprendizaje. Madrid.

Ronco, E., Lladó, E. (2000). Aprender a gestionar el cambio. Barcelona.

Fuente

7 hábitos de las mentes altamente creativas

La creatividad es resultado de lo que piensas. La práctica de los hábitos de pensamiento creativo te permite romper la barrera de lo que es inalcanzable.

Mejores habilidades de trabajo independiente, mejores clientes, y la capacidad para superar situaciones difíciles son sólo algunas de las cosas que trae el pensamiento creativo.

Según un estudio global realizado por Adobe, “sólo 1 de cada 4 creen que están a la altura de su potencial creativo.” Eso es un hecho triste, debido a lo que puede ser realmente posible de alcanzar. Pero ¿cuál es la buena noticia? Profesionales independientes saben lo importante que es la lucha por la creatividad. Además, siempre tenemos la oportunidad de crear.

A veces es posible que seas interrumpido por temas ordinarios, pero las mentes creativas siempre encuentran tiempo para ser creativas.

Si estás atascado en un bache creativo o quieres aprovechar al máximo tu potencial de pensamiento creativo, aquí puedes aprender los hábitos de los pensadores creativos.

1/ Aprende algo nuevo cada día

Hay un hecho simple que necesitas saber para tener éxito para tener la vida que deseas. Vive más allá del espacio cerrado de lo que llamamos vida. Y despierta tu imaginación para que puedas hacer el mejor trabajo posible.

“Todo a nuestro alrededor que nosotros llamamos vida, fue creado por personas no más inteligentes que tú. Y tú puedes construir tus propias cosas. Tú puedes construir tu propia vida en la cual otras personas puedan vivir. Así que construye una vida. No vivas una. Construye una.” Steve Jobs

Las mentes creativas no dejan que los logros de los demás afecten a su propia creación de algo extraordinario. Si piensas que no puede hacer algo – escribir una novela, el código de una página web, o hacer un producto que crees que la gente necesitará – piensa de nuevo. Piensa en el hecho de que todo lo que ves en este momento fue creado por alguien. ¿Tienen algún tipo de superpoder?

No. Simplemente son pensadores creativos que practican los hábitos de pensamiento creativo de forma verdadera y apasionada.

Desarrollar la creatividad significa aprender algo nuevo cada día. Ir a la mejor web para aprender en línea, encontrar nuevos tutoriales y artículos publicados diariamente en temas relacionados con tu nicho de trabajo. Tómate tu tiempo entre trabajos o proyectos para adquirir una nueva habilidad. También podría significar experimentar con nuevas técnicas sobre cosas en las que estés trabajando.

Mi amigo es un fotógrafo y recientemente ha comenzando a dibujar. Todos los días se asegura que dibuja algo: un boceto, un concepto, un personaje, cualquier cosa. Lo que me dijo es que cuanto más trabaja, más interesante se vuelve su arte. Las nuevas técnicas y enfoques de líneas de dibujo le ayudan a expandir la creatividad de su trabajo. ¿Sabes qué pasó después? Su fotografía se hizo más interesante.

La creatividad aparece cuando haces el esfuerzo de aprender o intentar algo nuevo cada día. Muy pronto se convertirá en un hábito. Adquiere buenos hábitos creativos y tu mente estará feliz.

2/ Conecta los puntos

Steve Jobs habló de ello en su famoso discurso de graduación. Dijo que la creatividad es simplemente conectarlos puntos. Los pensadores creativos producen ideas por medio de la búsqueda de la relación entre los hechos en datos que por sí mismos son inútiles hasta que se ve la conexión entre ellos.

Cuando veas la conexión entre los hechos, serás capaz de crear algo diferente.

Esto es lo que tus clientes esperan. Incluso si no son conscientes de ello, que realmente van a ti porque te basas en una nueva perspectiva.

El desarrollo de una amplia gama de habilidades es una buena manera de descubrir la conexión de las ideas. Si eres un diseñador web, emplea algún tiempo para aprender otro código que hará mejorar tus diseños. ¿Por qué? Debido a que estás abriendo nuevos espacios de creatividad basados en aspectos técnicos de los que no estabas al tanto. Por ejemplo, es posible que nunca hayas pensado en el diseño de un sitio web con el texto vertical. Pero con un poco de investigación en HTML y CSS has aprendido técnicamente no sólo cómo crear texto vertical con CSS y además abres tu mente a las posibilidades de utilizar el texto vertical para el trabajo de diseño web.

La conexión entre ideas no se produce a menos que explores un poco. Inicia la mejora de tu don natural de las habilidades que se complementan. Los escritores pueden aprender sobre fotografía, los diseñadores, sobre el desarrollo y los desarrolladores, sobre el diseño. Los clientes te agradecerán tu capacidad de ver más allá. Puedes incluso ver algo de lo que no eran conscientes y ofrecerles tu consejo.

La creatividad es resultado de lo que piensas. La práctica de los hábitos de pensamiento creativo te permite romper la barrera de lo que es inalcanzable.

Mejores habilidades de trabajo independiente, mejores clientes, y la capacidad para superar situaciones difíciles son sólo algunas de las cosas que trae el pensamiento creativo.

3/ Ver el potencial y hacer una lista

No dejes de pensar que sólo porque aun no existan la tecnología, el dinero o el apoyo detrás de una idea no dejará de hacerlo algún día. La realidad es el resultado de la imaginación. Lo que se pone en la máquina de la creatividad es el producto real o la innovación que vamos a sacar.

Puedes crear tu mejor trabajo basado en la cantidad de visión que pongas en una sola idea. Incluso Einstein dijo la famosa frase: “La lógica te llevará de A a B. La imaginación te llevará por todas partes.”

Algunos tienden a pensar que las listas son demasiado restrictivas para la mente creativa. Pero esto es sólo parcialmente cierto. Una lista que solo te dice tareas mundanas para hacer en un momento determinado puede ser limitante para el pensamiento creativo. Sin embargo, una buena lista de decisiones es algo más que la gestión de tareas simples.

Los pensadores creativos utilizan listas como planes de trabajo mental, como un lugar para ver todas sus ideas antes de que sean invadidos por una nueva ola de pensamiento creativo. Thomas Edison, John Lennon, y Leonardo da Vinci son algunos de los pensadores más creativos de la historia que han utilizado la lista de decisiones como una herramienta de creatividad. Puedes hacer listas de conceptos o un cuaderno de dibujo para dibujar rápidamente tus ideas. Cuando surge un nuevo proyecto, es fácil inspirarse cuando ya tienes todas tus ideas creativas escritas o dibujadas en frente tuya.

Esto es lo que debes hacer. Haz una lista de las cosas que quiere que tu negocio independiente deba hacer, ser y lograr. Acaba de escribir una lista sin mucha literatura, sin pensar demasiado y sin creer en que algo es imposible.

Ahora, échale un buen vistazo a la lista. Recuerde que la realidad es lo que tú creas. Piensa de forma creativa y encontrarás soluciones a los problemas que te pueden surgir cuando se está trabajando por libre.

4/ No cerrar la puerta a la creatividad

Todos sabemos que es importante escuchar la opinión de los demás. Pero si alguien te está diciendo algo que no se puede hacer o no se debe hacer sin escuchar la historia completa no tienes por qué escucharlos. Crea sin interrupciones. Tú no quieres que alguien toque tus ideas antes de que florezcan.

Cuando se trata de ser un profesional independiente, sin embargo, a veces tenemos que bajar el volumen de la mente creativa por ser demasiado salvaje. Pero no lo hagas de inmediato. Si un cliente pide un logotipo con peticiones muy específicas, no sigas inmediatamente estas normas.

En primer lugar, diséñalo con tus instintos iniciales. ¿Qué podría hacer con su concepto que no habían pedido? Después de bajar el volumen para satisfacer sus necesidades, tal vez incluso se podría incluir este concepto de diseño en el anteproyecto. Puede que incluso inspire al cliente a pensar en algo que le gustaría incluir en el diseño. Pero si vas a hacer esto, asegúrate de que la mayor parte del trabajo que les presentes cumple lo que pedían. El objetivo es mantener la puerta abierta a la creatividad.

Crea ahora y edita después. ¿Quién sabe a dónde irá tu mente creativa?

5/ Mantente en una perspectiva amplia

Como una persona de negocios (y eso es lo que eres como un profesional independiente) sabes que la naturaleza de los negocios es evolucionar constantemente. Lidiar con los golpes, adaptarse a las demandas y hacerse un nuevo camino en la dirección de lo que el cliente quiere. Si vas a lograr todo eso, vas a tener que pensar fuera de los esquemas preestablecidos.

Muchos artistas de la historia han hecho el esfuerzo de pensar más allá de un callejón sin salida. Picasso pasó por muchas etapas de los diferentes estilos de arte. Tuvo la época azul, la época rosa, y el periodo surrealista, entre otros.

Con el tiempo evolucionó. Cambió su arte para reflejar situaciones fuera de lo sentido y experimentado.

Como un profesional independiente creativo, necesitas una perspectiva amplia. Las mentes creativas son curiosas acerca intentar conocer cómo funciona el mundo. Encuentran fascinantes muchos diversos temas. Esto es especialmente importante cuando se trata de trabajar con los clientes. Los tipos de clientes con los que trabajamos varia mucho, probablemente muchos no son como tú, pero necesitas saber cómo piensan para diseñar el mejor sitio web o tomar las mejores fotos para su tipo de objetivos de negocio.

6/ Di no muchas más veces de lo que piensas

Tamizar las cosas que no funcionan es tan importante como mantener las cosas que sí lo hacen. En realidad, decir no a los clientes es un aspecto importante en la preservación de tu creatividad. Estar sobrecargado por solicitudes de trabajo adicional te reducirá la calidad de las obras en ejecución. Pero no se trata sólo de decir no a los clientes. Decir no significa también refinar tus ideas creativas.

En primer lugar, deja volar tu imaginación. Escribe sin edición y diseña sin reglas. Pero después de eso, usa algunos de los conceptos locos que te atrapen. Perfeccionar los resultados de tu pensamiento creativo y la revisión de las piezas que no encajan es lo que crea una pieza sólida de trabajo.

7/ Comparte tus Momentos “Eureka”

Dos mentes son mejor que una. La colaboración es clave para el desarrollo de ideas y para llevarlas a lugares a los que no habías pensado antes. Este hábito va de la mano con los puntos de conexión.

A veces una idea prospera cuando se habla con un amigo, compañero de trabajo o pareja. Otras veces, tu (y la gente que está hablando contigo) termina con una larga lista de nuevas ideas que se alejaban hasta ahora de la idea original. Esto es bueno. Esto te permite conectar los puntos entre todas esas ideas que, en realidad, tiene más sustancia y profundidad que un concepto singular.

Imagina una pizarra en blanco en la pared. ¿Cuántas ideas creativas podrías escribir en 5 minutos? ¿Cómo quedaría esa pizarra? Ahora piensa en 5 individuos de mente creativa anotando todas sus ideas creativas en los mismos 5 minutos. Ahora recibes una imagen diferente en tu cabeza acerca de lo que ves en la pizarra, ¿no? Hay mucho más para explorar y ampliar. Es como recoger fruta de un árbol en el que crecen manzanas, peras, plátanos y mangos, todo en la misma rama, en lugar de escoger una manzana de un manzano. La variedad de posibles conexiones creativas crece de forma rápida.

Los freelancers tienen la gran ventaja de colaborar con otros profesionales independientes. No sólo el trabajo de estos trabajadores individuales mejora de esa manera, sino que en general todo el valor de trabajar independientemente sube porque al ayudarse unos a otros los niveles creativos alcanza niveles más altos.

Añadir el esfuerzo creativo

La inspiración no viene del cielo. No viene de pasar horas y horas en los sitios de medios sociales. Viene de ti.

Al poner en el esfuerzo de desarrollar hábitos de pensamiento creativo crecerá la calidad de tus habilidades independientes.

Ahora mismo estoy mirando un cuadro en mi pared. No me preguntes lo que es. Es demasiado extraño de explicar. Todo lo que puedo decir es que este artista ha creado un mundo completamente diferente. Un mundo muy diferente al exterior. Tuvo mucho coraje para crear las clases de criaturas que hizo y para imaginar ese tipo de paisaje.

Te puede llevar un poco de esfuerzo hacer que tu creatividad fluya, pero tan pronto como se inicia no se detiene. Sólo con la práctica de los hábitos de pensamiento creativo te convertirás en un mejor profesional independiente. No sólo tus habilidades mejorarán, además todos los otros 6 sombreros que usas también mejorarán. Eso es lo que hace el pensamiento creativo.

Fuente: El Arte de la Estrategia   Parte 1    Parte 2

El arte de aprender una habilidad nueva (y 7 pautas para lograrlo)

Por Gonzalo Fuentes (El día después)

En los dos últimos artículos  hablamos de los sueños, las ideas locas y aquello que creemos imposible alcanzar. Aprender habilidades nuevas tiene mucho que ver con la realización de estos sueños. El simple hecho de empezar a aprender algo nuevo ya nos impulsa hacia delante, a meter la cabeza en esos sueños y a sentirnos más satisfechos y realizados.

Durante el invierno de 2007 tuve la suerte de tener uno de esos trabajos aburridos, tediosos y asfixiantes. ¿Suena bien verdad? Al disponer de largas horas semanales de tiempo libre mirando el techo, observando mi ombligo y leyendo el periódico, llegué a la conclusión de que podía dedicar ese tiempo a hacer algo más productivo. Así que decidí empezar un curso de inglés de Vaughan por fascículos que vendían con uno de esos periódicos. (De paso aprovecho para recomendaros sus cursos si estáis interesados en resucitar el inglés que lleváis dentro.) Dedicando los ratos libres de los que disponía, fui sacando el curso hasta terminarlo antes de los seis meses que duré allí. Esto cambió mi vida. Gracias a este curso mi motivación por el inglés se transformó en una pasión por el idioma, mi gramática mejoró considerablemente y lo mismo ocurrió con mi pronunciación (o eso quiero pensar ;) ). A partir de entonces escuchar en mi ipod grabaciones y leer libros sobre temas que me interesaran, todo en inglés, se convirtió en parte de mi día a día. Pero, ¿has dicho bien? ¿Esto cambió tu vida? ¿No te estás pasando de la raya? No, no me estoy pasando nada. Si no hubiese dado aquel nuevo impulso al idioma anglosajón, en primer lugar no estaría escribiendo este blog (la mayoría de blogs que yo sigo son en inglés), no habría aprendido estos años lo que ahora sé de nutrición (ídem), no habría cambiado la respuesta a “¿Do you speak English?” de “A little bit” por “YES”, no habría tenido acceso a excelentes e innumerables fuentes de información en inglés que hay en la red. Ni siquiera lo habría tenido tan fácil para empezar a aprender mi reciente nueva habilidad y pasión: ¡tocar el ukelele!!! (¡Y no! ¡No es un juguete!) Y he de deciros que mi inglés está lejos de ser perfecto y que no es algo que domine completamente, pero os puedo asegurar que mi habilidad se multiplicó por un millón.

Éste es sólo un ejemplo de cómo aprender UNA simple habilidad nueva puede tener un impacto mayúsculo en tu vida. Seas quien seas, hagas lo que hagas y tengas la edad que tengas. Puede cambiar tu vida. Sin peros. De hecho, una gran mayoría de las cosas que deseamos y soñamos pasan por aprender habilidades nuevas. Yo, personalmente tengo la firme creencia que los seres humanos somos casi exclusivamente animales de costumbres. ¿Y qué nos diferencia a unos de otros? Precisamente esas costumbres. Las costumbres que decidimos practicar. Estas no sólo pueden transformar aquello que somos capaces de hacer, sino también aquello que somos capaces de ser. Ya que no sólo se aplica a aprender un idioma, a cocinar o a tocar un instrumento, sino que las posibilidades son prácticamente infinitas. Algunos ejemplos pueden ser: ser más amables, comer mejor, utilizar más el sentido del humor, ser más generosos, sonreír más, tener más vida social, ser más aplicados y entregados en nuestro trabajo, decir que no cuando queremos decir que no, estar más fuertes y flexibles,…. Todo esto no son más que habilidades o costumbres que se pueden practicar, mejorar e instalar más en nuestro día a día.

 

¿Cómo podemos aprender una habilidad nueva sin fracasar en el intento?

 

La verdad es que yo nunca he sido muy sofisticado de cara a aprender habilidades nuevas y más bien ha sido mi testarudez y mi capacidad obsesiva las que me han ayudado a desarrollar algunas. Pero con el tiempo he aprendido algunas pautas básicas que te pueden ayudar bastante en esta causa. Veámoslas una por una.

 

Simplemente empezar. Impresionante, ¿verdad? Pues normalmente este es el paso que se salta la inmensa mayoría de la gente. Pero como es obvio, sin esto no hay nada. Todo sigue igual. Fin de la historia. Empezar algo nuevo es un imán que atrae muchos miedos: ¿Realmente quiero hacerlo? ¿Sabré? ¿No será muy difícil? ¿No es una idea ridícula? Etc. Con el tiempo, he aprendido a que cuando tengo una idea recurrente de empezar algo distinto, que se repite día tras día en mi cabeza, simplemente la empiezo. Este acto de empezar es casi mágico. Te enmarca en una realidad completamente nueva. Te da una idea de si te va a gustar esa nueva práctica, esa nueva experiencia. En los tiempos que corren, y con tanta información a nuestro alcance gracias a internet, puedes empezar prácticamente cualquier cosa sin gastarte un duro. ¿Cuándo hacerlo? ¡Ahora! Aunque claro, esto es sólo el comienzo.

Mentalidad de principiante. O lo que es más práctico, mentalidad de  completo estúpido. Cuanto más aceptes, por lo menos al principio, tu absoluta torpeza e incapacidad, más rápido aprenderás. Aunque parezca contradictorio, créeme, esto funciona así. Si aceptas tus fallos y tus torpezas, que los habrá a miles, no te rendirás por falsas expectativas ni sufrirás innecesariamente. Ser torpe y malo cuando estás empezando es lo NATURAL. Lo contrario es ANTINATURAL. Y esto no significa que no puedas ser un completo genio en el futuro (si ese es tu objetivo). (No dominar esta pauta siempre ha sido uno de mis grandes lastres. Sufres más. Avanzas más despacio. Y créeme, muchas veces pensamos que vamos de humildes cuando en el fondo creemos que somos unos genios que no nos podemos equivocar. Obsérvalo bien, porque esto se puede cambiarse.)

Aprende sólo una cosa nueva por vez. Espero de verdad que te estés emocionando leyendo este artículo y quieras empezar ya a aprender algo nuevo, pero no tanto que tengas una lista de veinte cosas y te pongas mañana mismo con todas. Coge una. Sólo una. La que más te apetezca y te motive. Y pásate un bueeeeeen tiempo SÓLO CON ESA. Por lo menos hasta que superes la fase inicial y sea un hábito en tu vida. Cuando yo lo he hecho así, éxito. Cuando he cogido varias, mmmm, vaya, de esta pata sigo cojeando a veces.

Dedica poco tiempo al principio. Si ya te has decidido por algo que quieras aprender, estupendo. Búscate un hueco al día. Preferiblemente hacia la misma hora todos los días. Y dedícale muy poco tiempo. 10 minutos, 20, 30, máximo una hora. Cuando se tiene un proyecto nuevo, que te ilusiona, hay una fase inicial que se conoce a veces como período de luna de miel. Es cómo estar al comienzo de un enamoramiento, flotando, disfrutando, viendo todo de color de rosas, mariposas,… Ya lo sabes, esto no dura siempre. ¿Qué pena verdad? Sí, pero es así. Pasados los primeros días vas a sufrir un bajón, una desmotivación, el rosa va a pasar a gris, o incluso puede que sientas un vacío. No pasa nada. Esto le sucede a todo el mundo. Pero si te has metido un atracón de horas los primeros días, la caída es más grande y es más difícil que no renuncies a esta nueva aventura. Así que empieza despacito, con pasitos de bebé, poquito a poquito (esto lo agradeceréis los que disponéis de menos tiempo). A medida que avances podrás ir incorporando periodos de tiempo más amplios. Sabrás si realmente disfrutas con lo que haces y si te merece la pena dedicarle ese tiempo. Y no te preocupes, el rosa volverá y también una multitud de colores distintos.

Anticipa las bajadas de guardia y aprovéchalas.  Otra cosa que ocurrirá seguro es que habrá días en los que se te hará insufrible hacer lo que tengas entre manos. Y te lo repito: ocurrirá seguro. Falta de concentración, incomodidad, nada fluye, desmotivación,…. Es normal. Somos humanos. Pero lo que puedes hacer para afrontar mejor esos momentos es anticiparlos, esperarlos. Lo primero que te recomendaría es que pases por lo que sientes sin abandonar la actividad. Cuando te esté pasando, reconócelo. “Vale, estoy en uno de esos días.” Lo siguiente es aceptar la incomodidad que eso produce y seguir trabajando en lo que estés con esa incomodidad. Simplemente hazlo lo mejor que puedas. Hace años, un buen profesor de esgrima que tuve me dijo algo que se me grabó en el cerebelo superior (si existe): “Los días difíciles son aquellos en los que más aprendes.” Y aunque la esgrima nunca fue mi fuerte, este principio lo he aplicado siempre que he podido. Algo que ayuda es pensar que esa incomodidad no está presente todos los días. Sólo algunos. Y que los días buenos volverán.  Posiblemente al día siguiente. Si se te hace demasiado cuesta arriba, puedes aplicar la siguiente pauta.

Descansa. No hay evolución sin descanso. Esos músculos, mentales o físicos que has estado desarrollando durante varios días seguidos, siguen trabajando y asimilando de un modo más subconsciente mientras descansas. Hazlo. También disfrutarás más de la vida.

Visualiza lo que quieras alcanzar. De vez en cuando, párate a pensar, a recordar por qué empezaste con este aprendizaje. Visualiza lo que sueñas. Y si crees que alcanzarlo PUEDE MEJORAR TU VIDA, sigue con ello.

¡Empieza ahora! Lo antes posible. Ya tendrás tiempo de refinar. Olvídate de la perfección. No existe. Y sobre todo, ¡pásalo bien! Espero que te haya servido este artículo. Gracias por leerlo.

 

Como no hay nada mejor que dar un paso al frente para ponerte en marcha, te animo si quieres a que compartas en los comentarios aquello que quieres empezar a aprender o aquello en lo que ya estés metido. ¡Suerte! (Si no ves la caja para introducir tu comentario, pincha en el título del artículo y te dirigirá a la página del artículo donde abajo tienes la opción de comentar.)

Autor: Gonzalo Fuentes

Fuente: El día después