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“La bondad es la base de la felicidad y la salud”

Chökyi Nyima Rimpoché, monje y maestro de budismo tibetano en Nepal
Tengo 64 años. Nací en una aldea de Tíbet y vivo en Nepal. Soy monje budista y coordino siete monasterios. Soy célibe. ¿ Política? Si el gobernante fuese bondadoso, no cometería injusticias. ¿ Dios? El salvador eres tú, está en ti. China fue budista en el pasado y volverá a ser budista

Qué tal por Nepal?

Recuperándonos del terremoto, ayudando a la gente.

¿Los monjes ayudan?

Tras el terremoto, ordené abrir las puertas de mis monasterios. Seguir leyendo “La bondad es la base de la felicidad y la salud”

“Mi madre decía que debía rezar por las personas que me discriminaban”

La entrevista siguiente me ha recordado (aunque no está ligado directamente) al Hoo’ponopono, por aquello de perdonar, respetar e incluso amar a aquel que te molesta.

 

Simon Estes, bajo-barítono, nieto de esclavos
Cumplo 78 años. Nací en Centerville, Iowa, viví muchos años en Zurich y ahora soy catedrático en la Universidad de Iowa. Casado, tengo tres hijas. Todos deberíamos aprender a vivir juntos con amor, paz y compasión. Hay que tener el valor de perdonar. Hoy vivo para servir a Dios y a los niños

foto de Ana Jiménez

Su abuelo era esclavo.

Lo vendieron por 500 dólares. Mis tres hermanas y yo nacimos en una casita de cuatro metros cuadrados, sin electricidad ni agua ni lavabo.

¿Padre analfabeto?

Sí, trabajaba en una mina de carbón. Y yo a los 11 años ya era limpiabotas.Tuve que fregar lavabos, suelos y ventanas para pagarme la universidad. A menudo no tenía suficiente dinero para comer, pero nunca le dije a nadie que tenía hambre.

Arreciaba la discriminación en EE.UU.

No se nos permitía ir a las piscinas en las que nadaban los blancos, ni sentarnos en la platea en el cine, y no había justicia para nosotros. Pero mi madre decía que debía rezar por las personas que me discriminaban.

A veces hay que rebelarse y no solo rezar.

A mi padre lo ingresamos por un fuerte dolor en el abdomen pero el médico diagnosticó problemas de corazón. Cuando pedí consultar con un cardiólogo se enfadó muchísimo: “¿Dónde ha aprendido usted esa palabra? Su padre es un viejo y va a morirse de todos modos”. Al día siguiente murió tras grandes sufrimientos y la autopsia reveló que lo mató una apendicitis.

¡Qué rabia!

“No odies a este médico por lo que le ha hecho a tu padre, reza por él –me dijo mi madre–. Nunca odies a quien te daña, porque si la amargura logra instalarse en tu corazón, enfermarás”. Me resultó muy difícil pero la obedecí.

Denunciar no es odiar.

Era el año 1961, ni se me pasó por la cabeza. Sobrevivir nos ocupaba la vida. Pero aunque fuéramos pobres siempre fuimos felices. En casa teníamos un viejo piano que mi madre tocaba.

¿Qué decidió estudiar?

Psicología, hasta que un profesor me oyó cantar en el coro y me dijo que tenía voz de cantante de ópera. Yo no había oído una ópera en mi vida y me prestó unos discos. “Señor Kellis, esta cosa me gusta”, le dije al día siguiente, y acabé en una escuela de música en Nueva York. En 1965 empezó mi carrera en la ópera de Berlín.

¿Aprendieron a valorarle en EE.UU.?

Vivía en Nueva York, había actuado en Berlín, París, Viena, Londres, Madrid… Recuerdo que de nuevo llamé a mi madre llorando: “Madre, no me dejan cantar en las óperas de mi propio país”. Y mi madre volvió a repetirme: “Pues arrodíllate y reza por esas personas. Nunca te conviertas en una persona amarga, sigue siendo humilde y acabarás triunfando”. Obedecí.

Y cantó en la Metropolitan Opera.

Sí, en todas las operas de EE.UU. Pero el único país que me pagó lo mismo que a mis compañeros fue España.

¿Y sus compañeros no señalaban esa discriminación?

No, he cantado con Pavarotti y Plácido Domingo compartiendo protagonismo y ellos cobraban muchísimo más que yo. Pero Placido siempre me invitó a cantar y me pagaba un poco más de lo habitual.

La suya es una historia increíble.

He cantado 102 papeles diferentes con 115 orquesta del mundo en 84 teatros líricos distintos de todos los continentes salvo en la Antártida.

Se negó a cantar en Sudáfrica.

A causa del apartheid. Entonces me ofrecieron una enorme suma de dinero y les dije que cantaría si la mitad del público eran negros y me concedían una entrevista televisada con el presidente Botha.

Es usted un hombre de principios, qué gusto.

Los principios son mucho más importantes que el dinero. Cuando Mandela subió al poder fui el primer negro que cantó allí en la ópera.

Ha cantado usted para reyes, seis presidentes norteamericanos y varios Nobel…

Cuando pienso en mi pasado no puedo créemelo, y todo gracias a que mi padre y mi madre me enseñaron a amar, a ser fuerte, a ser honrado y seguir siendo siempre humilde.

Parece que el racismo está reviviendo.

Hoy ya no te linchan ni te cuelgan, pero los negros, entre otras injusticias, seguimos cobrando menos que los blancos como ocurre con las mujeres. La manera de luchar contra eso es a través de la educación: cuando las personas se forman saben comunicarse y cómo luchar para defender sus derechos, por eso siempre he donado la mitad de mis ingresos para que jóvenes sin recursos puedan ir a la universidad.

¿Sufrió discriminación en la universidad?

En el instituto era el único negro de mi clase. Un día mis amigos blancos me propusieron ir al cine con ellos. Entramos y yo me fui directo arriba, junto a los lavabos, que es donde se sentaban los negros, pero mis amigos insistieron en que fuera con ellos. Entonces el director me chilló. “¿Dónde te crees que vas?”, y mis amigos, niños ricos de Centerville, le dijeron que o callaba o harían que lo despidieran.

¿Los jóvenes tienen menos prejuicios?

Sí. A partir de entonces mis amigos negros también se sentaron abajo.

¿Qué ha entendido del ser humano?

El amor es la mayor fuerza que tenemos, pero le sigue el odio muy de cerca. El ser humano nunca ha vivido en paz. Nos enfrascamos en guerras y sólo cuando ya hay miles de muertos los líderes se sientan a negociar.

Absurdo, sí.

Al final todo tiene que ver con el control y la posición de fuerza. Los líderes envían a la gente a morir mientras ellos se quedan en sus despachos. Solo el amor puede acabar con eso.

Entrevista de La Contra de La Vanguardia. Por IMA SANCHÍS

Saludable bondad

Cuando habla su voz te retumba en el estómago, es alto y esbelto como un pino y la ciencia debería estudiar su genética, porque les aseguro que la edad biológica de este grande de la lírica no va más allá de los 65 años. Se ve que ser buena persona le sienta de maravilla. Sigue en activo y donando la mitad de lo que gana para que jóvenes sin recursos estudien una carrera desde que en 1985 creó el Simon Estes International Foundation for Children, y este año se ha propuesto salvar la vida de millones de niños africanos que mueren como moscas debido a la malaria y se ha comprometido a ofrecer conciertos benéficos por todo el mundo. Ha participado como jurado en el 53 Concurso Internacional de Cant Tenor Viñas.

“Todos tenemos traumas que se forjaron a edad muy temprana” (31)

David Grand, psicoterapeuta creador del método ‘brainspotting’

Tengo 63 años. Neoyorquino. Casado. Un hijo (31). Estamos en un momento crítico en el que podemos progresar o retroceder décadas y solo depende de nuestro liderazgo. Mi creencia espiritual va en paralelo con la ciencia, y de ambos sabemos muy poco, pero creo que existe un poder que todo lo contiene

Qué es brainspotting (BSP)?

Es una terapia relacional entre el cerebro y el cuerpo que usa el campo visual como una manera de acceder al cerebro más profundo.

¿Donde miras afecta lo que sientes?

Los ojos escanean el entorno todo el rato. Es un proceso intuitivo pero no casual: que miremos hacia un lugar u otro tiene un significado.

¿El cerebro fija y retiene sucesos que la memoria no recuerda?

El tallo cerebral, que es la parte más primitiva del cerebro, el llamado cerebro reptil, es el que nos indica en qué dirección debemos mirar porque es el responsable de nuestra supervivencia, y en esa zona cerebral no hay lenguaje ni pensamiento.

¿Pura reacción?

Sí, y por eso las psicoterapias que utilizan primordialmente el lenguaje no tienen acceso a las partes neurofisiológicas más básicas.

Póngame un ejemplo.

Si a una persona le arrolló un coche que venía por la izquierda, cuando lo recuerde mirará inconscientemente hacia ese lado, y eso nos da acceso al cerebro más profundo.

¿Cómo?

A través de la posición ocular localizamos dónde está manteniendo el problema el cerebro.

¿Cómo lo descubrió?

Yo estoy especializado en rendimiento deportivo, y en el año 2003 una de mis pacientes era una patinadora profesional que estaba muy bloqueada a la hora de realizar un salto triple.

¿Qué le pasaba?

Tenía una historia traumática: su madre la rechazó cuando ella decidió ser patinadora. Realizando ejercicios oculares lentos con ella observé que de manera ostensible sus ojos brincaban en un punto concreto.

¿Y por qué le hizo mover los ojos?

Es sabido que cuando el cerebro intenta hacer dos cosas al mismo tiempo, como pensar y hablar realizando movimientos oculares, procesa la situación de otra manera.

Curioso.

Al ver que los ojos de la patinadora brincaban en un punto, le hice seguir mi dedo hasta él y quedarse allí. La sorpresa fue que durante diez minutos estuvo sacando emociones muy profundas, memorias olvidadas. El trauma surgió y se liberó. Yo no había visto eso en 25 años de práctica profesional.

¿Hizo el triple salto mortal?

Sí, no volvió a tener problemas. Me pareció que acaba de descubrir algo importante, lo compartí con colegas que empezaron a practicarlo con excelentes resultados y al cabo de un año ya estaba dando formación, primero en Estados Unidos y tras doce años ya lo hago en 30 países.

Ha trabajado usted con víctimas del terrorismo, supervivientes de desastres naturales, traumatizados de guerras…

Antes de descubrir y definir la terapia EMDR ( eye movement desensitization and reprocessing) yo ya trabajaba con supervivientes del 11-S y pude comprobar lo poderosa que es esta terapia. Al cabo de dos años tuvimos el huracán Katrina en el sur de Estados Unidos.

¿Trabajó con los afectados?

Sí, in situ. También he tratado a los soldados que han vuelto de Afganistán e Iraq y afectados del conflicto israelí-palestino, y fui requerido para tratar a los niños supervivientes de la masacre escolar de Newtown, Connecticut.

Pero en estos casos no se trata de traumas olvidados.

El cerebro es una máquina de procesar información, tiene más de un cuatrillón de conexiones. Contiene el registro de una vasta y compleja realidad imposible de conocer tanto por el terapeuta como por el paciente.

¿Y?

Cuando el cerebro sufre un trauma que no consigue integrar, la experiencia queda bloqueada independientemente de que el sujeto la recuerde o no. Siempre hay pedazos de ese suceso que hay que ir procesando.

Hay traumas que nunca se dejan atrás.

Hay que llegar a la parte más profunda del cerebro. Cuando el cerebro está herido somos un ser humano herido, pero también un animal herido; hay que sanar al humano y al animal.

Usa el brainspotting más allá de la terapia, para potenciar los rendimientos…

El mundo es un lugar cruel, y todos guardamos traumas que se forjaron a edad muy temprana. Cualquier situación que detone el trauma nos afecta: el atleta perderá rendimiento, y el hombre de negocios, efectividad en sus decisiones. Al liberar ese viejo trauma que bloquea el rendimiento se expande el potencial de la persona.

Suena a abracadabra…

Del mismo modo que hay posiciones oculares relacionadas con el trauma las hay con el talento. Cuando encuentras el punto donde hay un nivel potencial de habilidad y accedes al cerebro reptiliano puedes liberar el potencial.

El brainspotting no se ocupa de lo que está oculto en la mente sino de lo que está oculto en el cerebro. La mente es un concepto, el cerebro es un órgano.

Pero si el cerebro está dañado, lo está.

Hoy sabemos que el cerebro se puede modificar a sí mismo (neuroplasticidad) y recuperarse de cosas que creíamos que no podía, pero el tema va más allá: el cerebro puede desarrollar nuevas células (neurogénesis), y los escáneres cerebrales nos lo demuestran.

Entrevista de La Contra de La Vanguardia. Por IMA SANCHÍS

 

Actualmente se imparten cursos de brainspotting en más de 30 países.

La habilidad de ser tu mejor amigo (23)

¿Tienes algún “mejor amigo”? Supongo que sí.

Cuando tiene un problema o algo le va mal, ¿tú tienes buenas palabras hacia él o directamente lo hundes en la miseria?

Cuando él tiene dudas acerca de su futuro, ¿tú intentas aportarle serenidad, confianza, cosas positivas… o le dices “esto está jodido, olvídate que lo tienes perdido”?

Supongo que lo tratas bien, le das ánimos, esperanza, lo escuchas, etc.

Ok.

Y cuando te pasa a tí que tienes un problema o algo te va mal, ¿eres tú mejor amigo? O eres un alguien que pasaba por ahí y le importa 3 pimientos y lo único que sabe decir es “y si pasa esto aún será peor… si ocurre tal cosa será un gran problema… etc”

No todo el mundo es su mejor amigo, más bien hay relativamente pocas personas que sean el mejor amigo/a de uno mismo.

Pero la buena noticia es que se puede entrenar. El ser tu mejor amigo no viene configurado en un GEN, ni en una estructura cerebral que sólo tienen algunas personas… es simplemente un hábito y una intención que forman una habilidad (skill en inglés, me gusta esa palabra). Y puedes entrenarla. Te animo.

Si bien he de decirte que, como todo, el ser tu mejor amigo o intentarlo al menos, va ligado a tu conjunto de creencias.

Si tienes una creencia del tipo “no me merezco estar bien” o alguna otra negativa incompatible con “ser tu mejor amigo” entonces no podrás/no te plantearás ser tu mejor amigo.

Pero otra buena noticia, estoy que me salgo, no paro de dar buenas noticias… es que las creencias se pueden (detectar y) cambiar.

 

Lenguaje: “Imponer un Récord” (16)

Yo hago ejercicio periódicamente y parte de estos ejercicios consisten en flexiones de brazos, sentadillas, abdominales y dominadas… como me gusta hacer un seguimiento y que quede registrado utilizo una app para ello. Estaba yo haciendo mis abdominales cuando al acabar la sesión me dice (la app): “Felicidades, has impuesto un nuevo récord”.

No voy a entrar en cuántas abdominales he hecho (podrían ser 500, o no, ejem ejem) pero el hecho es que he impuesto un nuevo récord.

No me ha dicho:

  • has hecho x abdominales
  • has conseguido hacer más abdominales que ayer
  • has hecho muchas abdominales

No. Lo que me ha dicho es que he IMPUESTO un nuevo récord. La verdad es que me gusta cómo suena, me motiva a seguir adelante pero…

la palabra imponer tiene una connotación negativa (al menos para mí). Si impongo algo es como que pongo algo por encima de otra cosa, o dicho de otra forma, si me impongo es que me pongo a mí o lo que yo he hecho por encima de otra persona o lo que ha hecho otra persona. Y esto tiene que ver con el PODER.

La gente valora mucho el PODER, incluso me llega a sorprender. Yo valoro el poder entendiéndolo como la capacidad de poder hacer algo, de desarrollar algo, de mejorar algo, etc. Pero no valoro la capacidad de poder entendiéndola como imponer mi persona, mi criterio, o lo que sea.

Origen

Préstamo (s. xiii) del latín imponere ‘poner encima’, ‘imponer’. De la familia etimológica de poner (V.).
Acepciones relacionadas

-Exigir a alguien cumplir, soportar, pagar o aceptar una cosa.
“el actor impuso una serie de condiciones antes de firmar el contrato; el juez le impuso la pena máxima”

(imponerse)
-Hacer valer la autoridad o el poder sobre los demás.
“se impuso ante sus subordinados; (fig) no le gustan los colores chillones que se imponen al resto de la imagen”
(imponerse)
-Superar [una persona] a las demás en una competición o prueba.
“el equipo cubano se impuso en la final”

 

Otro ejemplo de cómo se utiliza el lenguaje es cuando el periodista se refiere al resultado de un partido de fútbol como: El F.C.Barcelona ha derrotado al Atlético de Madrid

No dice:

  • El FC Barcelona ha ganado 2 a 0 al Atlético de Madrid
  • El FC Barcelona ha ganado al Atlético de Madrid

Dice que LO HA DERROTADO. Siguiendo con lo de imponer sería algo parecido ha le ha pasado por encima, ha impuesto su ejemonía, vamos que le ha GANADO y además le ha DERROTADO. El Atlético de Madrid ha perdido en su Batalla con el FC Barcelona.

Esta forma de hablar contiene un dramatismo que puede enfatizar, adornar, estilizar, motivar (ejemplo de imponer un nuevo récord) pero lo que está haciendo es reforzar implícitamente la idea de PODER y de SOMETER que está en lo más hondo y primitivo del ser humano, cuando para comer o sobrevivir había que matar a otro ser humano, imponerse a él, derrotarlo, someterlo…

Estamos en el siglo XXI, ¿no va siendo hora ya de que dejemos de IMPONERNOS y de DERROTAR al prójimo?

Ni que sea en el lenguaje. Sería un buen sitio por el que empezar. Os invito a ello.

Si existiera un lenguaje de la paz, o de personas pacíficas, os aseguro que no se hablaría de imponer o derrotar.

 

3 en 1 (post 11)

¿Quién no ha tenido una puerta que chirriaba?

¿Cuánto tiempo ha pasado desde que empezaste a oír ese molesto ruido?

¿Pasó el suficiente tiempo para que te acostumbraras a ese molesto ruido y convivieras con él?

Seguramente que sí, pero con el paso del tiempo el ruido aumenta y aunque tu capacidad de habituarte también lo hace llega un momento que el sonido chirriante es tal que ya no puedes ignorarlo: “Tengo que hacer algo con esta puerta, compraré 3 en 1 y la engrasaré”.

Eso implica tomar la decisión, buscar el momento de ir a la tienda a comprarlo, ir a comprarlo, buscar el momento de engrasar la puerta, engrasarla y ADIÓS RUIDO.

¿Desde el primer día que oíste que la puerta chirriaba hasta que el ruido desapareció porque pusiste 3 en 1 cuánto tiempo pasó? Eso te dará una importante y valiosa información sobre tí y tu forma de actuar: proactiva o reactiva, que se adapta a lo malo o busca mantener lo bueno, etc.

He puesto el ejemplo de la puerta que chirría pero lo mismo ocurre en una persona que tiene TOC, fobias, ansiedad, adicciones, claustrofobia, agorafobia, etc. ¿Hasta dónde llega tu capacidad de habituarte/adaptarte a eso y convivir con ello? ¿Hasta cuando vas a esperar para decidir comprar el 3 en 1 y COMPRARLO?

Yo soy Pablo Mora, tú 3 en 1 particular. Estaré encantado de engrasar la bisagra de tu puerta.

Ya lo he hecho muchas veces. Por ejemplo, con estas personas que “tenían”:

  • miedo a subir en ascensor
  • ansiedad anticipatoria de un examen a 3 meses vista
  • ansiedad (baja laboral) por mala relación con sus hermanas (que trabajaban en el mismo negocio)
  • mala relación entre familiares
  • tdah
  • TOC
  • depresión
  • agorafobia
  • niño que tenía miedo a dormir solo
  • personas que no se atrevían a realizar sus sueños
  • etc.

La pregunta es: ¿Hasta cuándo vas a esperar?
Contacta conmigo ahora y pongámonos manos a la obra.

 

“Una emoción enfermó a mi hija y otra la ayudó a curarse” (10)

Tengo 45 años, pero me siento mejor que a los 20; luchar junto a mi hija Sofía me hace crecer sin envejecer. Nací en Córdoba y vivo en Sitges. Estoy casada con Marisa y tenemos dos hijas maravillosas. Creo que hay más de lo que vemos y nos explican. En política prefiero sumar a dividir

Foto: INMA SAINZ DE BARANDA

Conocí a mi mujer, Marisa, hace 19 años, y –tras siete de relación– decidimos casarnos y formar una familia.

¿Por qué decidieron que fuera usted la madre?

Madres somos las dos, pero elegimos que yo fuera la biológica, porque Marisa es diez años mayor que yo y, además, tiene responsabilidades empresariales y viaja mucho.

¿Cómo escogieron al padre?

Mi cuñado se ofreció como donante, pero preferimos que nos lo brindara la clínica sin llegar a conocerlo nunca. Y aún creemos que fue la mejor decisión.

¿Por qué?

No sientes lo que ignoras y, si nuestras hijas no conocen a su padre biológico, tampoco lo echarán en falta. Intentamos una inseminación tres veces sin éxito y, después, una in vitro, con la que a la primera conseguimos tres embriones: me implanté uno y congelamos los otros dos. Y, por fin, nació María…

Enhorabuena.

…Guitart, porque también estábamos de acuerdo en que llevara el apellido de Marisa. Hoy María es una niña estupenda, que ahora cumplirá los trece años.

…Estupendo.

Tanto, que Marisa y yo decidimos tener otro hijo con uno –no quisimos mellizos– de los otros dos embriones. Pero esta vez el parto no fue nada fácil. Tuve pérdidas y sufrí mucho hasta que nació Sofía.

¿Por qué fue tan complicado?

Y aún faltaba el susto serio. Lo tuve cuando la cardióloga diagnosticó a Sofía una tetralogía de Fallot, una cardiopatía congénita, que, en su caso, se manifestó en desplazamiento de la aorta y comunicación –un agujerito, le digo yo a la niña– entre los dos ventrículos.

¿De quién la heredó? ¿Del padre?

Suponemos que sí, porque yo no tengo ningún antecedente familiar, pero ante los problemas de mi vida yo nunca he buscado culpables, sino soluciones.

¿Las encontró?

La doctora quiso esperar tres meses para operar y nosotras decidimos no esperar con los brazos cruzados. Yo había leído mucho sobre terapia emocional y quise ayudar con ella a mi hija sin dejar de seguir, además, todas las instrucciones médicas. Se lo consulté a la doctora de Sant Joan de Déu y a ella le pareció bien.

¿En qué consistió su terapia?

Las cardiopatías están relacionadas con el sentimiento de rechazo. Deduje que toda la angustia del embarazo y mis comentarios negativos habían sido somatizados por Sofía durante su gestación en respuesta a todo ese rechazo. Recuerde, además, que había estado congelada durante ocho años.

Pero entonces era sólo un embrión…

Era un ser vivo. Creo que, en cualquier caso, esa emoción había acabado por afectarle hasta manifestarse en su grave cardiopatía.

¿No será que se siente usted culpable?

De lo que estaba segura era de que haría todo lo posible y lo imposible para salvarle la vida a mi hija. Su otra madre y yo nos turnábamos para hablarle con todo nuestro cariño día y noche: “Te queremos, Sofía, eres una niña muy deseada y muy querida, eres la niña más sana y fuerte del mundo”. Además, la visualizábamos como una niña sana.

Sólo dos meses después, pudimos comprobar que su cuadro había mejorado enormemente y que ya no había que operarla.

Tal vez el diagnóstico no había sido exacto o quizá hubo otros factores…

En cualquier caso, seguimos dándole y expresándole nuestro amor continuamente. Sofía fue mejorando, pero, un año después, tuvo un desvanecimiento, le diagnosticaron síndrome de Jarcho-Levin: le faltaban cuatro costillas derechas y tres izquierdas.

¿Sofía sufría?

Respiraba mal, pero nunca la tratamos como a una niña enferma sino como a una personita, nuestra hija, junto a la que afrontaríamos sus problemas. Y se lo demostrábamos. Seguíamos con la terapia emocional: quererla a mansalva y decírselo a todas horas. Por fin, la operaron –no había otra opción– y le corrigieron la arteria subclavia y le pusieron un parche en el orificio interventricular, que ya se había ido estrechando por sí solo.

¿Cómo está ahora Sofía?

En las últimas pruebas, la doctora le dijo cariñosa: “Sofía, no sé qué te está haciendo la bruja de tu mamá, pero que lo siga haciendo”. A sus tres añitos, es alegre y parlanchina y lleva una vida normal. Y yo la veo mejorar cada día, pero seguimos con la terapia emocional para que no le afecte el Levin.

Tiene unas mamás muy luchadoras.

La actitud por sí sola no acaba con los problemas, pero es el principio de la solución. Creo que las emociones nos influyen y no sólo en nuestra psique, sino también de forma directa en nuestro cuerpo.

Las suyas no puede ser más positivas.

Con Sofía he aprendido y he leído muchísimo: hemos crecido juntas frente a la enfermedad. Por eso escribí El parche mágico, para contar nuestra historia. Escribirlo fue un reto. Yo no pude ir a la universidad, porque en casa éramos siete hermanos de familia humilde en Córdoba. Ahora quiero aprender y enseñar a escribir mejor junto a mi hija.

 

Si la pequeña Sofia ha heredado la determinación de sus mamás, nos deparará días de gloria. Porque mamá Concha, dulce y empática, es una mujer de las que primero aman y luego preguntan. Quiere crecer pero para poder dar más, lo que la convierte en señora de múltiples lecturas y cultura autodidacta, tan original como desacomplejada. Con ella -y toneladas de fe- planta cara a las graves dolencias congénitas de Sofía, que mejora gracias a la fuerza del cariño de sus madres, administrado en terapia emocional junto a buenos cuidados médicos. Su cardióloga, Georgia Sarquella Brugada, prologa El parche mágico, libro solidario donde la fuerza del cariño no acaba siendo un cuento.

 

Fuente: La Vanguardia (19 Sep 2015)

LLUÍS AMIGUET